Arte y cultura Jesús Huarte
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Un templo de inspiración

Taiyana Pimentel, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) desde 2019 y una de las curadoras más influyentes del escena en Latinoamérica, nos abre las puertas de este centro, único en la forma y en el fondo. Puedes volar a Monterrey directo desde Madrid a partir del 2 de junio por 20.000 Avios.

Texto: Jesús Huarte

Fotos: Joseph Fox

¿Cuál ha sido para ti la mayor contribución de MARCO a la escena del arte contemporáneo internacional en sus 35 años de historia?

Desde su fundación, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey se propuso ser una plataforma para las artes contemporáneas de América Latina desde una de las ciudades más pujantes en materia económica, financiera e industrial, dotar a la ciudad de una institución de cara a la globalización. Además, siempre pretendió que esta plataforma también sirviera como una posibilidad alternativa de educación para los ciudadanos del norte del país, así como de la frontera.

¿Cómo describes su discurso y su misión hasta hoy?

MARCO ha tenido en este tiempo tres posicionamientos fundamentales. El primero, sus siete primeros años, fue en relación a lo que había ocurrido en el discurso del continente americano durante la década de los ochenta, a los orígenes, la identidad, la memoria… Ejemplo de ello fue la gran exposición fundacional, “Mito y magia, el arte de los ochenta”, a la que siguieron revisiones del arte en Oaxaca, de algunos artistas norteamericanos como David Hockney, de otros latinoamericanos con fuerte presencia en muestras como “Magiciens de la Terre” (en 1989 en el Centre Georges Pompidou y la Grande Halle de La Villette de París), entre ellos José Bedia o Julio Galán.

Posteriormente, el museo hace una puesta al día con muestras que dialogan con los problemas post-conceptuales en el arte. Es una época en la que MARCO tiende más a traer muestras realizadas en otros lugares del mundo, a diferencia de ese primer momento en la que era un productor de discurso. Y, en estos últimos seis años hemos intentado regresar a esa capacidad de producir desde el norte, entendiendo que el arte contemporáneo en México hoy es muy distinto a lo que fue en los años noventa. Hoy dialoga a través de sus artistas desde las principales bienales, incluso Documenta. Nuestros artistas han establecido un discurso en el que el problema es de nacimiento global, es muy internacional. Y nosotros hemos entendido que hay una generación de artistas que aún no había sido revisada en México –Damián Ortega, Pedro Reyes, Miguel Calderón, Teresa Margoñez…– y hemos decidido hacer esa revisión y, a la par, dar un lugar al arte que se ha construido y que ha ocurrido desde el norte del país y en su relación con la frontera.

Taiyana Pimentel posa, ligeramente de perfil, en el Museo Marco, junto una pared de cubos que dejan pasar la luz. La direcotra lleva una camisa azul marino y un broche en forma de flor, hecha en gasa y de color aguamarina

¿Qué presencia tiene la región?

Hemos realizado revisiones de carrera de artistas como Mario García Torres, Colectivo Tercero V, Colectivo Marcela Yina y, más recientemente, la exhibición “Nuevo León: El futuro no está escrito”, que a través de 13 fotógrafos de distintas partes del mundo que tenían en común el haber generado niveles de representación de Monterrey y sus áreas conurbadas, exploró las maneras de interpretar, de crear memoria e identidad desde este lugar.

Desde tu llegada a Marco en 2019, has trabajado mucho para hacer del museo un lugar vivo que involucre al público local. 

Esto ha ocurrido bajo mi dirección, pero con la visibilidad de todo un equipo de trabajo que entiende el norte –insisto– en su relación con la frontera, pero que al mismo tiempo entiende que Monterrey es un lugar donde el poder del pensamiento a través de la academia es importante, que es una ciudad que ha sido el parteaguas industrial de este país hacia el mundo.

El posicionamiento cultural se había ralentizado, así que optamos por estrategias como unirnos con los movimientos locales musicales que ya estaban posicionados internacionalmente y que fueron mejor conocidos, como la Avanzada Regia, y de esta manera atraer a todo ese público joven que de pronto siente que la puerta de un museo como este no le permite pasar. Esa frontera se ha roto año tras año, y sigue creciendo el acceso a las salas de los públicos que llegan a esos grandes conciertos y se genera una convivencia entre clases sociales, entre grupos de profesionales de distinta índole.

Otra estrategia ha sido unirnos con empresas como Lego para generar un programa educativo de vanguardia enfocado hacia los más jóvenes o atraer exhibiciones como la de Óscar Murillo. que de entrada apela a una participación colectiva como estrategia para lograr una exhibición. Esos murales participativos de Óscar Murillo se convirtieron en el contenedor de las memorias y discursos de los grupos migrantes en el Monterrey de hoy, pero también de posturas políticas o temas de violencia.

Hasta el 9 de agosto, los visitantes pueden conocer en MARCO la Colección FEMSA, una de las privadas de arte latinoamericano más importantes de México.

Hemos desarrollado estrategias de revisar colecciones privadas que están aportando al análisis del patrimonio en diálogo con los ejes contemporáneos del arte. Así es que colecciones que vienen desde el norte, como la de Isabel y Agustín Coppel o la colección FEMSA, están también enriqueciendo la forma de construir la historia de las exposiciones contemporáneas desde el Museo Marco.

Vista de la entrada del Mudeo Marco. En el centro de la imagen, un mostrador exento de madera de pino. La luz que ilumina la estancia llega tamizada por una cristalera en el techo. De ahí baja una columna amarilla que pende sobre el mostrador. Las paredes tienen tonos ocres y blancos.